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24.03.2006 | 06:32 A 30 años del golpe |
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En 1981 la dirigencia de Colón y 3.000 hinchas recibieron con pancartas y cánticos a Roberto Viola. Le pidieron que anule los descensos. Además, le entregaron la llave del club y un carné de socio vitalicio. |
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Autor: Nicolás Lovaisa
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Fuente:
Pasión / Notife Deportivo |
Tiempo estimado de lectura: 4:48 min |
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El 18 de junio de 1981, la selección nacional que conducía César Luis Menotti jugó un amistoso en el Gigante de Arroyito ante un combinado de futbolistas santafesinos. El partido, que era en beneficio de los damnificados por las inundaciones que azotaban a la provincia, terminó 4 a 1 para los de Menotti. Ese día, el dictador en uso de la comandancia de la Junta Militar, General Roberto Viola (acompañado por el Ministro de Acción Social, Vice Almirante Carlos Lacoste y el intendente de Rosario, Alberto Natale) fue abucheado por casi la totalidad del público presente. “Con Perón comíamos jamón, con Videla mortadela y ahora Viola nos chupa bien las bolas”, fue uno de los gritos de guerra que se escucharon desde los cuatro costados.
Fue tal la reprobación que recibió de la gente, que pese a que la prensa de aquellos años trató de ocultarlo, él mismo lo hizo público al admitir que el gobierno “no era popular”. Existía ya un rechazo del pueblo hacia la comandancia que había desatado la más brutal represión de la historia argentina. Sin embargo, un día después, la dirigencia de Colón decidió brindarle un homenaje a Viola, uno de los ideólogos del golpe de estado del 24 de marzo de 1976.
LA BIENVENIDA
El 19 de junio Roberto Viola arribó al aeropuerto de Sauce Viejo para cerrar la primera reunión de gobernadores, dirigiendo un mensaje hacia todo el país desde el paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral.
Acompañado por el gobernador de la provincia, Contra Almirante Rodolfo Luchetta, y el Comandante del II Cuerpo del Ejército, Juan Carlos Trimarco, se dirigía hacia la UNL, cuando a la salida del puente carretero alrededor de 3000 personas obligaron a detener la marcha de la comitiva.
En la puerta del estadio Brigadier López, con cánticos como “Viola y Colón, un sólo corazón”, pancartas en las que se leía “Lacoste y Colón” y volantes con la frase “Bienvenido a Santa Fe, presidente Viola”, una multitud de simpatizantes sabaleros homenajearon a uno de los personajes más siniestros de la última dictadura. El mismo que en 1985 fue sentenciado a 17 años de prisión por 86 secuestros, 11 torturas reiteradas y 3 robos. El mismo que en 1990 fue indultado por Carlos Saúl Menem. El mismo que dejó claro cuál era su concepto sobre los desaparecidos con una frase tan cínica como imposible de olvidar: “Esto es una guerra. Y nosotros somos los ganadores”.
A REPETIR LA EXPERIENCIA
Más allá de que ninguno de los libros que se encargaron de contar la rica historia rojinegra lo reflejaron y que ni los dirigentes ni los jugadores de la época consultados por Pasión lo recuerdan, aquel homenaje existió.
Sumergido en una profunda crisis económica, Colón se encaminaba de manera inexorable al primer -y único- descenso de su historia. Por errores de la dirigencia anterior, la comisión directiva que presidía Ítalo Giménez había perdido a varios jugadores, que habían pedido la libertad de acción ante la falta de pago. Por este motivo, el club le solicitó a la AFA un préstamo para paliar la situación, que finalmente le fue negado.
Entonces, surgió una idea de un sector de la dirigencia encabezado por Tomás Camilo Berdat, en ese momento secretario de la institución y luego, curiosamente, primer intendente santafesino tras la caída de los militares: pedirle a Viola que anule los descensos por la grave situación económica por la que atravesaban varias instituciones, entre ellas, San Lorenzo, que en el final de la temporada perdió la categoría. La intención era repetir una iniciativa que el mismo Ítalo había encabezado en 1966, en esa ocasión, entrevistándose con el General Juan Carlos Onganía, otro presidente de facto.
Si bien el titular rojinegro no estaba demasiado convencido de la idea, en ese momento Berdat era uno de los más estrechos colaboradores de Rubén Buscapié Cardozo (en 1983 fue electo diputado nacional, acompañando en la lista a José María Vernet), uno de los históricos dirigentes y referentes del justicialismo en la provincia, quien también, en aquellos años, pisaba fuerte en el club de barrio Centenario.
EL HOMENAJE
Pese a que un sector de la comisión se opuso a recibir a Viola de esa manera, finalmente, con algunas amenazas de por medio, el 19 de junio Ítalo Giménez encabezó el homenaje. Según el diario El Litoral de ese día, el presidente sabalero “tras breves palabras de bienvenida, le hizo entrega de una llave de oro del club, un sabalito de tipo distintivo, un carné de socio vitalicio y un petitorio en favor de la institución”.
El documento contenía dos puntos: “la supresión del régimen de ascensos y descensos por no menos de tres años en vista de la situación económica por la que atraviesan todas las entidades afiliadas, sin excepción. Y el trato discriminatorio que existiría en AFA en cuanto a las obligaciones económico financieras de las entidades”.
“Después de la plática entre Viola y Giménez, el coche presidencial emprendió la marcha en medio de vítores entusiastas del público y agitación de banderas”, relató el vespertino.
SIN RESULTADO
Dos días después de la visita de Viola, Colón inició una racha de seis partidos sin derrotas, con cuatro empates y dos victorias. Pero la situación era demasiado difícil como para que esa pequeña serie de encuentros invicto lo salvara de la ya inevitable pérdida de categoría. El 2 de agosto el sabalero visitó el Tomás Ducó con la misión de mantener intactas las esperanzas de salvación. Pero Huracán no lo perdonó: lo goleó 4 a 1 y lo condenó a un descenso que se transformaría en un calvario. Catorce años y muchas frustraciones pasaron los rojinegros para recuperar su lugar en la máxima categoría del fútbol nacional.
Como si se tratara de una mueca del destino, el cuarto gol del Globo, el que hundió definitivamente a Colón, fue de Claudio Morresi, actual Secretario de Deportes de la Nación, quien ya buscaba a su hermano, Norberto Julio, secuestrado y asesinado en un operativo realizado el 23 de marzo de 1976. Tenía apenas 17 años. Fue detenido por tener en su poder ejemplares de la revista Evita Montonera. Viola murió el 30 de septiembre de 1994, por un paro cardíaco. Condenado e indultado, se llevó a la tumba, al igual que otros represores, atroces secretos sobre la represión ilegal. También el recuerdo de un homenaje popular, seguramente el único que recibió mientras fue presidente, y su carné de socio vitalicio de Colón.
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Este es el volante con el que la gente recibió a Viola. |
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Viola fue uno de los ideólogos del golpe del 24 de marzo de 1976. |
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